La violencia vicaria ocurre cuando una persona usa a sus hijos o hijas para hacerle daño a su expareja. Esto puede pasar durante una separación o conflicto familiar. No siempre es fácil de ver, pero puede causar mucho daño emocional.
Por ejemplo, puede suceder cuando:
-
Un adulto impide que veas a tu otro padre o madre sin razón válida.
-
Te obligan a hablar mal de uno de ellos.
-
Te hacen sentir que tienes que elegir entre uno u otro.
-
Te cuentan cosas de adultos que no deberías escuchar.
-
Usan tus emociones para hacer sentir mal al otro.
En este tipo de violencia, los hijos no son el problema, pero terminan pagando las consecuencias.
¿Cómo te puede afectar?
Estar en medio de una situación así puede hacerte sentir:
-
Triste, enfadado o confundido.
-
Culpable por cosas que no controlas.
-
Presionado a tomar partido o a mentir.
-
Con miedo de expresar lo que sientes.
Todo esto puede afectar a la salud mental, los estudios, las relaciones y el bienestar de uno mismo.
¿Qué puedes hacer?
Si algo de esto te pasa, no es tu responsabilidad resolver los problemas de los adultos. Pero sí tienes derecho a sentirte bien y a pedir ayuda.
Puedes hablar con:
-
Un profesor, profesora o alguien de confianza en tu escuela.
-
Un psicólogo o psicóloga escolar.
-
Un familiar con quien te sientas seguro/a.
-
Llamar a una línea de ayuda para menores: Línea de ayuda a la infancia (116 111) o 016.
¿Y si eres adulto y notas esta situación?
La violencia vicaria es real y debe denunciarse. No importa si viene del padre, la madre u otra persona responsable. Lo importante es proteger a los menores.
Puedes acudir a:
-
Servicios sociales o protección del menor.
-
Juzgados de familia.
-
Centros de atención psicológica o legal.
El bienestar de niños y adolescentes siempre debe estar primero.
No deben ser usados como herramientas en conflictos entre adultos.
Hablar y pedir ayuda es una forma de cuidarse y poner límites al daño.

No hay comentarios:
Publicar un comentario