EL SÍNDROME DEL CUIDADOR QUEMADO
El síndrome del cuidador quemado es un conjunto de síntomas físicos y psicológicos que indican que la persona ha llegado a su límite como cuidadora. Suele darse en mujeres que se vuelcan en cuidar a un familiar y acaban olvidándose de sí mismas.
Con el tiempo, empiezan a sentir fatiga, bajan de peso, tienen síntomas depresivos, ansiedad o ira, y descuidan su salud. Según un estudio hecho en Galicia, el 61,9% de las cuidadoras sufre una sobrecarga intensa, sobre todo por falta de tiempo propio y conflictos en sus relaciones.
También influyen el número de horas de cuidado, la relación con la persona dependiente y la agresividad del paciente. Muchas personas ni siquiera se plantean que puedan estar sufriendo burnout.
Los síntomas de alerta incluyen migrañas, irritabilidad, mal sueño, enfados con familiares o incluso con la persona cuidada. La culpa frena muchas veces a pedir ayuda o a ingresar al familiar en una residencia, aunque a veces sea lo más adecuado.
Es importante aceptar que todos tenemos un límite. Para prevenir el desgaste, conviene planificar desde el principio, informarse y repartir el cuidado entre varias personas. Si ya hay burnout, es fundamental pedir ayuda, tomarse un respiro o apoyarse en profesionales o centros especializados.



